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La crisis educativa en Caracas se agudiza: las aulas al aire libre se convierten en la norma en toda la ciudad
Los docentes en Caracas y otras ciudades venezolanas se ven cada vez más obligados a dictar clases al aire libre debido al colapso de la infraestructura escolar y la falta de apoyo básico por parte del Estado.
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En las laderas y plazas céntricas de Caracas ha surgido un nuevo tipo de aula: sillas de plástico dispuestas en las aceras, estudiantes con uniforme blanco que equilibran sus cuadernos sobre las rodillas mientras el tráfico pasa a su lado. Esta modalidad improvisada de enseñanza ya no es una excepción, sino una realidad cada vez más extendida para las familias de la capital, y refleja el colapso generalizado del sistema educativo venezolano, que se ha acelerado en los últimos años.
El declive de un sistema que fue pionero
Venezuela fue en su momento un referente en materia de acceso a la educación en América Latina. Según reportajes de The New Humanitarian, el país registró logros notables durante la gestión del expresidente Hugo Chávez, quien impulsó reformas exitosas que incluyeron una campaña masiva de alfabetización y programas de alimentación escolar. Entre 1999 y mediados de la década de 2000, la matrícula en educación primaria habría ascendido del 85% al 95%, mientras que en secundaria habría escalado del 40% al 70%, de acuerdo con una evaluación de Broken Chalk. Sin embargo, esos avances se han visto revertidos por la falta de apoyo estatal básico y el deterioro de la infraestructura, lo que ha obligado a los docentes de comunidades de Maracaibo a Caracas a abandonar aulas en ruinas e improvisar en espacios abiertos.
Manifestaciones locales en Caracas
En los barrios de la capital, los efectos son visibles. Si bien las cifras oficiales sobre la matrícula actual en Caracas son escasas, el traslado de las clases al exterior se siente con mayor fuerza en las parroquias de menores ingresos, como Petare, El Valle y Antímano, donde los edificios escolares se han deteriorado tras años de desinversión. Los docentes de estas zonas han denunciado la falta de electricidad, agua corriente y materiales didácticos básicos, lo que hace que las aulas sean inhabitables durante largos períodos. The New Humanitarian documentó una escena en Maracaibo en la que diez niños, todos con uniforme blanco, estaban sentados en sillas de plástico al aire libre —algunos atentos, otros distraídos por el bullicio del entorno—, una estampa que se repite en patios escolares y esquinas de toda Caracas.
Impacto en estudiantes y familias
La pérdida de entornos de aprendizaje estructurados bajo techo ha afectado especialmente a los niños más pequeños de los primeros grados de primaria. Sin aulas en condiciones, muchos alumnos reciben apenas unas pocas horas de instrucción al día y la asistencia suele ser irregular. Los programas de alimentación que antes incentivaban la matrícula también han sido recortados en muchas escuelas, lo que supone una carga adicional para las familias que ya lidian con la crisis económica en términos más amplios. Aunque las fuentes oficiales no ofrecen cifras precisas y actualizadas sobre la asistencia escolar, la visible proliferación de clases informales en espacios públicos apunta a una brecha educativa cada vez mayor entre los barrios más ricos y los más pobres de Caracas.
Por ahora, familias y docentes se las ingenian como pueden. Sin una intervención coordinada por parte del Estado para reparar las escuelas, restablecer los servicios básicos y reactivar los programas de alimentación, el aula al aire libre podría seguir siendo la imagen más habitual para los escolares caraqueños en los próximos meses. La tendencia augura una generación cuya educación estará determinada no por la calidad de la enseñanza, sino por el estado del edificio que la alberga.